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En una carrera contra la rápida propagación del coronavirus, investigadores y farmacéuticas de todo el mundo trabajan a contrarreloj para detener la epidemia, que lleva más de 80.000 contagiados y 2.700 muertos, la mayoría en China, desde que estalló en diciembre. En menos de dos meses, la propia China, Estados Unidos y Australia aseguran haber producido ya unas vacunas que se disponen a probar lo antes posible.

La primera fue Australia, donde la Universidad de Queensland desarrolló en solo seis semanas unas dosis de prueba usando un tipo de tecnología molecular inventada en este país, según informa el periódico «Sydney Morning Herald». El 11 de enero, cuando todavía no había saltado la alarma mundial por el coronavirus, los investigadores de Queensland empezaron a trabajar sobre su genoma, que había sido difundido en internet por científicos chinos. Sin necesidad de tener el virus, se centraron en su secuencia genética e identificaron una sección, conocida como proteína espicular, que es la que debían atacar. Para ello, usaron una «tecnología de cepo molecular» inventada por la propia Universidad que cambia la forma de la proteína espicular para que el sistema inmunológico pueda identificarla y neutralizar al coronavirus. Ya producida, la vacuna será probada primero en animales y luego en seres humanos. Aunque los plazos de pruebas suelen durar entre 12 y 18 meses, podrían acortarse si dan resultados positivos y así lo requiere la urgencia de la epidemia.

En EE.UU., una pequeña firma de biotecnología de Massachusetts, llamada Moderna, envió el lunes sus primer lote de vacunas contra el Covid-19 al Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas. Tal y como recoge el «Wall Street Journal», dicho Instituto empezará a finales de abril ensayos clínicos con 20 o 25 voluntarios sanos para comprobar que la vacuna es segura y provoca una respuesta del sistema inmunológico que proteja de la infección. Si todo sale según lo previsto, los primeros resultados podrían estar disponibles en julio o agosto.

Y en China, origen de la epidemia, la Universidad de Tianjin anunció el martes la creación «con éxito» de una vacuna oral que utiliza levadura de cerveza («saccharomyces cerevisiae»), un hongo unicelular muy usado en análisis de genómica, para atacar la proteína espicular y producir anticuerpos. A tenor del periódico «Global Times, altavoz del Partido Comunista, el propio profesor que ha dirigido el proyecto, Huang Jinhai, ha probado cuatro dosis y no ha sufrido ningún efecto secundario.

«La vacuna tiene un alto nivel de seguridad, es adecuada y puede ser producida rápidamente a gran escala», explicó en un comunicado el doctor Huang, quien promete que la ingesta de cápsulas, pastillas o sobres granulados estimula la inmunización de las mucosas para prevenir la infección y podría servir como terapia para los ya contagiados. Tras desarrollarla, la Universidad de Tianjin está buscando fondos o socios para comenzar los ensayos clínicos. Pero, pocas horas después de dar la noticia, el «Global Times» publicaba otra arrojando dudas y críticas sobre esta supuesta vacuna, tan necesaria para detener una epidemia que sigue propagándose por todo el mundo.

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